Crecimiento Espiritual

Intuición

6 Mayo, 2014

INTUICION
Todos somos intuitivos. Pero no todos hemos despertado la intuición. Y de los que la hayamos despertado, no todos le prestamos atención. Y de los que le prestamos atención, no todos hacemos lo que la intuición nos dice.
Pienso que éste es el momento de comenzar a usar nuestros propios recursos para tomar decisiones. Ya hemos comprobado que la razón, por sí sola, no nos lleva muy lejos… ¡Y hasta nos mete en cada problema…!
Por su lado, la intuición siempre ha estado allí. Cuando nos acercamos a alguien y le decimos algo de lo que nos sorprendemos, cuando llegamos a una conclusión sin haberla razonado tanto como lo sabemos hacer o, simplemente, cuando decidimos algo “porque si”, sin saber muy bien por qué.
Es importante redescubrir la intuición para la vida diaria. Ella no nos conecta con un pensamiento inteligente, sino más bien con la sabiduría. ¿Quién no querría tener una respuesta sabia cuando la necesita? Pues, está en nosotros y la intuición la deja ver.
Para familiarizarnos con ella, primero debemos ejercitarla. Y como una de las paredes que le ponemos a la intuición es el pensamiento racional, comenzaremos a “sentir” las opciones, evitando racionalizarla.
En mi caso, si tengo que decidirme por una opción, generalmente lo hago por aquella por la que siento paz. Por supuesto, no dejo de escuchar a mi mente, pero la decisión la tomo luego de “sentir” las opciones. Y voy por la que se siente mejor.
Cuanto más nos conectamos con estas sensaciones, la respuesta se hace cada vez mas obvia.
Una vez podamos comprobar que aquello que decidimos guiados por la intuición nos llevó a un buen lugar, despertaremos la confianza para “escucharla” directamente. Y para eso, necesitamos silencio en la mente. No necesariamente alrededor, pero en nosotros, con el cuerpo y la mente más relajada de lo habitual.
No es necesario ningún estado trascendental para recibir sus mensajes. La naturaleza puede favorecernos. Salir a un lugar abierto, respirar profundo varias veces para “desintoxicarnos” de pensamientos densos y quedarnos en silencio. Luego podemos hacer una pregunta específica y esperar una respuesta, o simplemente observar lo que nos llega y prestar atención a esa información.
Si, así de sencillo. En ego, todos somos diferentes. Pero en espíritu, todos tenemos las mismas condiciones. ¡A trabajarlas!

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