Crecimiento Espiritual

La Ley del Karma

6 Mayo, 2014


La ley del karma es la misma ley de causa o efecto, la cual afirma: “que todo efecto tiene su causa, y toda causa tiene su efecto”; nada se da por azar en el universo. Nada ocurre sin causa, es decir, sin una secuencia de causas, ya que las causas y los efectos residen en los sucesos o sea en lo que acontece como resultado de un evento anterior. Existe siempre una relación entre lo que pasa y lo que sigue.

Todo pensamiento generado por nuestra mente, todo acto realizado por nosotros tiene sus resultados, los cuales pueden ser directos o indirectos, inmediatos, a mediano o largo plazo, los cuales se eslabonan en forma coordinada, creando una larga cadena de causas y efectos. Buda decía refiriéndose a esta ley “los efectos siguen a las causas como la sombra al cuerpo” y refiriéndose Jesús a la misma ley, dijo: “con la vara que mides serás medido”.
Muchas veces nos preguntamos: cuál es la razón por la cual ciertos eventos suceden, ya sea en nuestra propia vida, o en la vida de nuestros allegados, de nuestros conciudadanos y aún del propio planeta. Por ejemplo: un desastre natural o un fracaso en una empresa o negocio, lo cual afecta a un grupo de seres, dejándolos de un momento a otro en la incertidumbre o en la ruina; y nosotros para dar una explicación simplemente nos contentamos con decir que fue un castigo de Dios. En realidad, hemos de decir, que es Dios nuestro padre, un padre todo omniamoroso, omnipresente y omnisciente, que jamás castiga, pero que tampoco es el alcahuete de nuestros errores. Su actitud ante éstos, es el perdón y la comprensión. Dios ha creado leyes o principios universales para mantener el equilibrio de la creación y uno de ellos es la ley de karma-Darma, la cual permite que se logre la armonía en todos los reinos del plano físico y de los planos mental y espiritual.
Existen muchas clases de karma: individual, colectivo o familiar, nacional, de religión y el de un planeta, a su vez, el karma puede ser, de acuerdo a la causa: de mérito o de desmérito. Todo se concatena, todo está unido. Causas agradables van a producir efectos agradables; causas desagradables generarán efectos desagradables; si criticamos seremos criticados, si juzgamos seremos juzgados, si dañamos algo de alguien, algo nuestro será dañado. Nada se da por azar. De igual manera, si sembramos bondad, dulzura y esperanza, eso mismo recibiremos: aquello que sembremos, eso mismo cosecharemos.
La ley del karma en sus diversas formas nos ayuda a regresar a nuestro propio origen, a nuestra verdadera esencia; nos ayuda a alcanzar el equilibrio interior, ya sea por medio de la paz o por el dolor. Si el hombre procurase alcanzar la verdadera paz y armonía en su interno como en el medio que lo rodea, a través de la armonía que nos proyecta la naturaleza o bien por intermedio de los gratos momentos de la vida, podría alcanzar la luz para volver a su causa original. Sin embargo, la mayoría de las veces, el hombre para alcanzar esa luz, para retomar el camino de regreso a casa del padre, prefiere el karma de demérito, es decir los dolores humanos; aquéllos, que a veces nos llegan como sentimientos de tristeza, de angustia y de confusión, los cuales nos llevan a vivir los accidentes, las enfermedades y los grandes golpes de la vida, como aquellos que de un momento a otro nos llevan de la opulencia a la ruina económica y los cuales son simplemente resultado de lo que hemos creado para aprender a buscar la luz en nuestro propio interno; sin embargo, cualquiera que sea el camino escogido para el hombre, servirá para encontrar la paz interior, ya que esto sólo dependerá del buen o mal uso de la energía divina. No es la ola la que ahoga al hombre, sino la acción del desdichado que marcha deliberadamente hacia ella poniéndose bajo la acción de las leyes que gobiernan el movimiento del mar.

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