Autoestima

Una Señora

22 mayo, 2016

Una señora, bien equilibrada y orgullosa, de 92 años de edad que cada mañana se paraba a las 8 en punto para peinar su cabello al estilo de peluquería y aplicarse un maquillaje perfecto, aún sabiendo que era casi ciega y que hoy tenía que mudarse a un asilo de ancianos.

Su marido de 90 años, recientemente había muerto, obligándola a realizar este cambio en su vida después de su fallecimiento tan dolorosa para ella. Habían sido una pareja muy felizmente casados por mas de 60 años.

Después de muchas horas de esperar pacientemente en la recepción del asilo de ancianos, ella sonrió muy dulcemente cuando le avisaron que su habitación estaba lista. Mientras ella maniobraba su andador al ascensor, la enfermera le daba una descripción detallada de su pequeño cuarto, incluyendo las sábanas y cortinas que habían sido colgadas en su ventana, «Me encantan», dijo ella con el entusiasmo de una niña de 8 años al que acaban de mostrarle un nuevo cachorro.

«Sra. Perez, usted aún no ha visto el cuarto, sólo espere» le dijo la enfermera. «Eso no tiene nada que ver», dijo ella. «La felicidad es algo que uno decide con anticipación. El hecho de que me guste mi cuarto o no me guste, no depende en como este arreglado el lugar, depende en como yo arregle mi mente. Ya había decidido de antemano que me encantaría». Es una decisión que tomo cada mañana al levantarme».

«Cada mañana que me levanto tengo dos opciones:
1. Puedo pasarme el día en la cama enumerando las dificultades que tengo con las partes de mi cuerpo que ya no funcionan, o
2. Puedo levantarme de la cama y agradecerle al universo por las que sí funcionan.

Para mi, cada día es un regalo, y mientras mis ojos estén abiertos me enfocaré ese nuevo día y en las memorias felices que he guardado en mi mente.

La vejez es como una cuenta bancaria, uno extrae de lo que había depositado en ella». Entonces, hablándole a la enfermera, mi consejo para ti sería «que deposites una gran cantidad de felicidad en la cuenta bancaria de tus recuerdos, para que un día puedas retirarla cuando las cosas se pongan difíciles».

Y antes que la amable enfermera la dejará en su nueva habitación para que acomodará sus cosas le dijo, «quiero compartir contigo 5 reglas para ser feliz. Estas las aprendí hace muchos años y trato de cumplir con ellas todos los días y espero que te ayuden a ti tanto como me han ayudado a mi».

Libera tu corazón de odio
Libera tu mente de preocupaciones
Vive humildemente
Da más
Espera menos

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