Aprendí que no existen malos momentos, solamente malas reacciones. También aprendí que la felicidad es una opción, es mi decisión y que, si yo quiero ser feliz, yo voy a ser feliz. Aprendí que entre menos esperas cosas de los demás, más te sorprenderán, que tengo que aprender a ser feliz conmigo para poder ser feliz con los demás, que solamente se puede ayudar a la gente que quiere ser ayudada y que definitivamente estoy rodeado de gente buena. Aprendí que perdiendo también se gana, que cayendo se aprende a levantarse mejor, que sufriendo también me fortalezco, que no solo se llora por tristeza, que el amor viene de uno mismo y que la felicidad siempre se encuentra a la vuelta de la esquina.
Más que un anillo de compromiso
Un muchacho entró con paso firme a la joyería y pidió que le mostraran el mejor anillo de compromiso que tuviera. El joyero le presentó uno. La hermosa piedra, solitaria, brillaba como un diminuto sol resplandeciente.
El muchacho contempló el anillo y con una sonrisa lo aprobó. Preguntó luego el precio y se dispuso a pagarlo.
¿Se va usted a casar pronto? – Le preguntó el joyero.
No – respondió el muchacho – Ni siquiera tengo novia. La muda sorpresa del joyero divirtió al comprador.
Es para mi mamá -dijo el muchacho – Cuando yo iba a nacer estuvo sola; alguien le aconsejó que me matara antes de que naciera, así se evitaría problemas; pero ella se negó y me dio el don de la vida. Y tuvo muchos problemas. Muchos.
Fue padre y madre para mí. Fue mi amiga, mi hermana y mi maestra. Me hizo ser lo que soy. Ahora que puedo le compro este anillo de compromiso. Ella nunca tuvo uno. Yo se lo doy como promesa de que si ella hizo todo por mí, ahora yo haré todo por ella. Quizá después entregue otro anillo de compromiso, pero será el segundo.
El joyero no dijo nada. Solamente ordenó a su cajera que hiciera al muchacho el descuento aquel que se hacía nada más que a los clientes importantes.
La vida es una sucesión de momentos para disfrutar, no es sólo para sobrevivir.
Escribamos aquella carta que pensábamos escribir.
Digamos hoy a nuestros familiares y amigos cuánto los queremos.
No retrases nada que agregue alegría y felicidad a tu vida.
Cada día, hora y minuto pueden ser especiales.
Hay dos días en cada semana en los que no nos debemos preocupar.
Dos días que se deben guardar libres de miedo y ansiedad.
Uno de esos días es ayer.
Ayer, con sus equivocaciones y pesares, sus faltas y confusiones, sus dolores y tristezas.
Ayer ha pasado para siempre, fuera de nuestro control; y todo el dinero del mundo no podría cambiar ni una cosa que hayamos hecho, ni podemos borrar una palabra.
Ayer ya pasó. El otro día sobre el que no debemos de preocuparnos es mañana.
Mañana, con sus posibles adversarios, sus problemas, sus promesas grandes y sus pequeños logros.
Mañana volverá a salir el sol, ya sea en esplendor o detrás de una máscara de nubes, pero subirá.
Hasta que llegue no tenemos parte en mañana, pues aún no ha nacido.
Y sólo queda un día:
HOY Cualquier hombre puede pelear la batalla de un solo día.
Cuando nos cargamos con esas horripilantes eternidades, el Ayer y el Mañana, nos derrumbamos. No es la experiencia de hoy lo que lástima a los hombres, sino la amarga culpa, algo que sucedió ayer, y el miedo de lo que traerá el mañana. Vivamos pues, tan sólo un día a la vez, y dejemos confiadamente a Dios todo lo demás.
D/A
Caminaba con mi padre cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó: Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más?
Ofensas enterradas:
Un buen día yo enterré una ofensa que dolía.
Creí que podría olvidarla si la dejaba escondida.
El agravio iba creciendo. Cada día lo tapaba. No logré dejarlo atrás. Mucho, mucho me costaba.
La alegría me abandonó, no conocí sino penas. Incapaz era de amar, tenía el alma en cadenas.
A la vera de aquel hoyo clamé con el alma a Dios: «Sana esta herida profunda, Tú que eres el Dios de amor».
Sentí entonces Su presencia; en Sus brazos me sentí. Enjugó mis agrias lágrimas, hizo azul el cielo gris.
Sincerándome con Él, le expliqué mi gran afrenta. Me prestó Su atento oído mientras yo le daba cuenta. Cavé, ahondé y arranqué la afrenta que me oprimía, y entregándola el Maestro libre al fin quedé aquel día.
Así fue como Él quitó la negrura de mi alma y algo hermoso fue a nacer; donde había estado la llaga. Cuando vi en qué convirtió mi tormento y mi pesar, aprendí a dárselo a Él y no enterrarlo jamás.
Autor: Carol Parrott
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AMOR DE PAREJA.Duele amar a alguien y no ser correspondido. Pero lo que es más doloroso es amar a alguien y nunca encontrar el valor para decirle a esa persona lo que sientes.Tal vez nosotros debamos conocer a unas cuantas personas equivocadas antes de conocer a la persona correcta, para que al fin cuando la conozcamos sepamos ser agradecidos por ese maravilloso regalo…
Una de las cosas mas tristes de la vida es cuando conoces a alguien que significa todo, y sólo para darte cuenta que al final no era para ti y lo tienes que dejar ir.
Cuando la puerta de la felicidad se cierra, otra se abre, pero algunas veces miramos tanto tiempo a aquella puerta que se cerró, que no vemos la que se ha abierto frente a nosotros.
Es cierto que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos, pero también es cierto que no sabemos lo que nos hemos estado perdiendo hasta que lo encontramos.
Darle a alguien todo tu amor nunca es un seguro de que te amará, pero no esperes que te amen, sólo espera que el amor crezca en el corazón de la otra persona, pero si no crece sé feliz porque creció en el tuyo.
Aprendí que no existen malos momentos, solamente malas reacciones.
También aprendí que la felicidad es una opción, es mi decisión y que, si yo quiero ser feliz, yo voy a ser feliz.
Aprendí que entre menos esperas cosas de los demás, más te sorprenderán, que tengo que aprender a ser feliz conmigo para poder ser feliz con los demás, que solamente se puede ayudar a la gente que quiere ser ayudada y que definitivamente estoy rodeado de gente buena.
Aprendí que perdiendo también se gana, que cayendo se aprende a levantarse mejor, que sufriendo también me fortalezco, que no solo se llora por tristeza, que el amor viene de uno mismo y que la felicidad siempre se encuentra a la vuelta de la esquina.








