Es el don de escuchar lo que no se dice con palabras…
pero resuena como si alguien lo gritará desde adentro.
A veces se manifiesta como una voz interna que te aconseja,
un susurro justo antes de dormir,
o una palabra que escuchas con claridad… aunque nadie más la oiga.
Otras veces es la abuela que ya partió,
tu guía espiritual, o tu Yo del futuro, tratando de decirte:
“Por ahí no es, mija.”
Si te ha pasado que oyes tu nombre,
que percibes frases sin que nadie hable,
o que escuchas sonidos que no tienen lógica física…
Entonces tus oídos ya están afinados al canal del alma.
No estás loca.





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