Conexión con Dios

LA BÚSQUEDA PERENNE

11 mayo, 2020
LA BÚSQUEDA PERENNE
Aquello que la vista no puede percibir, pero que permite que los ojos vean, “eso” es Dios. Lo Divino no puede ser captado por la mente o descrito por la palabra.
Lo Divino trasciende toda comprobación. Él es Uno. Los millares de formas en el cosmos emergieron de este pensamiento interno, de esa expresión de voluntad del Uno.
El individuo debe tomar conciencia de que el mundo fenoménico es de hecho una imagen reflejada de sí mismo. Pero el hombre, olvidando su verdadero Ser, se identifica con los órganos de los sentidos y se complace en realizar acciones erróneas para obtener los placeres y dolores experimentados por los sentidos.
Cada hombre busca alcanzar la bienaventuranza por algún medio y se esfuerza para lograr este fin. Pero la felicidad pura lo elude, porque él no conoce su verdadera naturaleza ni sabe dónde encontrarla. La bienaventuranza no puede encontrarse en los objetos materiales, como casas, dinero y automóviles, ni puede obtenerse de los parientes. Si la bienaventuranza que el hombre está buscando es su propia y auténtica naturaleza, ¿de qué sirve buscarla en otra parte? La verdadera felicidad consiste en reconocer la propia Realidad.
Los deseos sólo llevan a la miseria y a la frustración. Hoy el hombre está ansioso por conocer acerca de todo excepto de él mismo. Es capaz de ver todo lo demás, pero no su verdadero ser. Está atrapado en el engaño de que el mundo es diferente del Uno que lo sostiene. Aunque lo que está viendo es la manifestación de Dios, dice que no puede ver a Dios. Este es el resultado de la ignorancia. Todo lo que se ve, el acto de ver y el veedor constituyen lo Divino. Si se comprende la unidad de este aspecto trino de la Divinidad, se puede experimentar la verdadera bienaventuranza.
En la actualidad el hombre es presa de ilimitados deseos. No dan felicidad, porque los deseos se multiplican en el momento en que se satisfacen. Lejos de traer satisfacción, los deseos solo llevan a la miseria y la frustración, pues nacen del engaño. Solo cuando se destruya el engaño puede realizarse el Ser. Dios no puede ser reconocido por las indagaciones intelectuales ni por el estudio de las escrituras. El único medio es la devoción. Oren a Dios con profunda devoción. Entonces tendrás la visión de lo Divino.
Desarrollen el sentimiento de entrega total. El hombre ha logrado destacarse en la esfera intelectual y en los conocimientos científicos y técnicos, pero no puede realizar a Dios por medio de estos logros. Solo alcanzan lo Divino aquellos que sienten una devoción pura y desinteresada. El Señor responde sólo a ese amor puro y centrado, y a esa devoción total. Los buscadores deben encontrar esa clase de devoción.
El requisito primordial para realizar a Dios es un amor puro e intenso. El ego es la barrera para experimentar lo Divino. El egoísmo y el apego han aumentado excesivamente entre las personas. Mientras haya egoísmo, es imposible experimentar lo Divino. El egoísmo y la envidia deben arrancarse por completo. Aquellos que no pueden soportar ver a los otros felices no tienen nada bueno. Solo obteniendo alegría de la felicidad de los demás se puede manifestar la devoción pura.
Uno debe ver lo Divino en cada ser. Cuando hablan acerca de alguien o aman a alguien, piensen que están hablando de Dios y amando a Dios. Desarrollen esta sagrada actitud. Si, por el contrario, consideran a la Divinidad diferente de sí mismos y llevan una existencia basada en las diferencias, estarán desperdiciando su vida. Si no logran la experiencia de la no dualidad, no podrán entender la verdadera naturaleza del Alma.
¿De qué les sirve sumergirse en objetos materiales y placeres sensoriales que son triviales y transitorios? Deben esforzarse por ir dominando gradualmente sus sentidos; si no lo logran, no obtendrán paz verdadera ni bienaventuranza duradera. El amor a Dios es el medio seguro para alcanzar esta bienaventuranza divina y perenne. Si este amor no existe, todo lo que hagan no valdrá nada. Los ejercicios espirituales que carecen de amor a Dios son como frutos sin jugo. Lo Divino está totalmente libre de preferencias y aversiones.
Actúen siempre con una mente pura Solo un espejo limpio puede reflejar una buena imagen. Si el espejo no está limpio, tampoco lo estará el reflejo. Del mismo modo, para experimentar lo Divino, es necesario tener un corazón puro. La pureza de corazón es el resultado de la pureza de pensamiento, palabra y acción. Sea lo que fuera que hagan, deben actuar con una mente pura y con absoluta concentración. Recuerden que la riqueza del conocimiento que hemos recibido es un don de lo Divino. Debe ofrecerse a Él en la forma de servicio.
Esfuércense siempre por disminuir sus deseos. Las personas de hoy están tomando el camino equivocado y corrompen la sagrada y preciosa vida que se les ha concedido. De los miles de especies de seres vivos, ninguna padece la enfermedad de los deseos insaciables tanto como el hombre.
El renunciamiento no significa simplemente dejar el apego a la casa y a otras formas de riqueza. El verdadero renunciamiento consiste en abandonar todos los malos pensamientos. Para librarse de los malos pensamientos no hay necesidad de dejar el hogar y las riquezas, e internarse en la selva. El auto-examen es tan importante como la autorrealización. El solo hecho de alabar a Dios no lo vuelve a uno recto. La rectitud debe demostrarse en la acción.
Cada uno debe comprender cómo se debe portar en la vida diaria –lo que debe hacer y lo que debe evitar– y tratar de vivir en consecuencia. No hay que causar disgustos a otros ni herir sus sentimientos. En la medida de lo posible, deben practicar el autocontrol y sentirse satisfechos con lo que tienen. Traten de satisfacer a los demás y hacer que se sientan felices. Está mal dedicarse al chismorreo y hacer comentarios acerca de los asuntos o acciones de otra persona.
El verdadero espíritu de indagación está ausente. Se desarrolla el intelecto, pero no las buenas cualidades. Tomando conciencia de su propia divinidad inherente, uno debe esforzarse por nutrir las virtudes divinas. Para esto, debe comenzar por desechar las malas cualidades. Entonces, habrá lugar en el corazón para los buenos pensamientos. Dios no residirá en un corazón lleno de falsedad.

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